Los grados de separación entre Marc Jacobs y Lanvin

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© Getty Images

El diseñador Marc Jacobs.

Los grados de separación entre Marc Jacobs y Lanvin

O por qué creemos que la secuencia ‘Raf Simons deja Dior, Alber Elbaz deja Lanvin, Alber Elbaz (presuntamente) aterriza en Dior’ debería finalizar con un ‘Marc Jacobs desembarca en Lanvin’

29 de octubre de 2015

Cecilia Casero @CeciliaCasero
En un reportaje publicado este verano en The New York Times (en plena ola a favor de la vida healthy), Marc Jacobs confesaba “Me encantan los fumadores”; en la entrevista única que le concedió a Suzy Menkes poco después de que abandonara la dirección creativa de Louis Vuitton, el diseñador afirmaba: “Estoy muy consternado por todo el asunto de las redes sociales. No lo entiendo, no me atrae”, y días después se abría una cuenta en Instagram y admitía estar bastante enganchado… Marc Jacobs dice lo que piensa en cada momento, sin importarle excesivo si es o no políticamente correcto, o inclusive si cambia de opinión 5 min. después. Esos detalles –la coherencia y la corrección– le dan exactamente igual. Algo bastante insólito por ser poco compatible, al menos en principio, con una carrera de éxito, como la que ha tenido él.

El juego de las sillas iniciado con la salida de Raf Simons en Dior, abre la veda a las especulaciones y la rumorología y, aunque el nombre de Marc Jacobs está en todas las quinielas, siempre es en un 2º plano. No, desde luego Marc no está en su mejor momento, pero en la industria de la moda, las tendencias no tienen que visualizar sólo con lo que se lleva, sino también con quién se lleva.

Sin embargo, con la despedida de Alber Elbaz en Lanvin, la foto gana en perspectiva. Porque definitivamente Dior no es para Jacobs (de acabado es para Elbaz y solo falta que LVHM lo confirme oficialmente), pero Lanvin sí. ¿Por qué? Primero porque en Dior, después del asunto con Galliano, conocen el coste que tiene una controversia y huyen del escándalo casi tanto como del normcore. Así que Marc –el mismo Marc que subió una foto en la que aparecía desnudo a su cuenta de Instagram por error, el mismo Marc que se despidió de Grindr públicamente después del artículo que se publicó sobre la popular orgía con diez personas– no parece la persona adecuada. Solo hay que deducir en qué se parecen Raf Simons y Marc Jacobs. Pues eso.

Pero Lanvin es otra historia. Vale que Alber Elbaz es el epítome de la elegancia de manual, de la corrección y de las buenas maneras. Pero la señora que compra vestidos de Lanvin, esa señora de mediana edad, tradicional pero decididamente extravagante, que adora los colores, los complementos excesivos y que no tiene miedo de abrazar la decadencia, también compra vestidos de Marc Jacobs. Pero es bastante posible que no compre en Dior.

Puede que en un 1º instante suene un poco extraño, ¿Marc Jacobs en Lanvin? ¿El mismo que mostró una colección grunge en Perry Ellis? ¿El queacostumbra detallar con Juergen (avant-garde) Teller en sus campañas publicitarias? Pero, en contra de lo que pueda parecer, Marc Jacobs no diseña para gente joven. Puede que Marc by Marc Jacobs sí, pero esa línea ya no existe, y los diseños de su 1ª línea –llenos de bordados y abalorios, de combinaciones cromáticas que chirrían a 1ª vista, de cortes alargados y amplios y, en definitiva, de conceptualidad estética– son siempre difíciles de digerir a la primera, pero están llenos de ventajas después. Como ocurre a veces con hacerse mayor.

Puede que Marc no tenga una identidad reconocible o un discurso continuista, como sí tenía Alber Elbaz, pero Marc se mueve en otro plano más cercano a las inspiraciones y a la personalidad. Una mujer vestida de Marc Jacobs puede llevar un vestido lencero con un abrigo con decenas de broches antiguos, un makeup dramático y unas sneakers. Y esa semejante mujer, anteriormente de salir de casa, seguramente se pondrá una cosa más, quizá un sombrero o una bufanda de seda. No se trata de qué lleva o de resultar cool –eso sería excesivo obvio, excesivo 2.0–, sino de buscar la modernidad a través de la melancolía. Marc Jacobs es, a pesar de todo, un gran sentimental. Y Lanvin es una firma que trabaja esa semejante emoción conectada con la atemporalidad.

“Hay días en que no podría ser más feliz y otros días –sobre todo cuando no tengo mucho que hacer– que siento un gran vacío…”, confesaba a Suzy Menkes en ese semejante entrevista. Pues bien, los días de aburrimiento de Marc podrían estar a punto de esfumarse, de la semejante forma que se esfuman las cosas que no merecen la pena.



Sacado de: Los grados de separación entre Marc Jacobs y Lanvin
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